La fluctuación monetaria y las consecuencias para el financiamiento de VIH y SIDA

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Nick Zebyk, Alan Whiteside. Global Fund Observer.

De 1990 a 2015, el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó en una tasa promedio anual del 3,86 por ciento en África subsahariana, en comparación con el 2,79 por ciento para el mundo. Esas diferencias son aún más pronunciadas cuando se observan períodos de tiempo diferentes. De 2000 a 2015, el PIB en África subsahariana aumentó en un promedio de 5,04 por ciento en comparación con el 2,87 por ciento a nivel mundial, según datos del Banco Mundial.

Esta tendencia ascendente ha visto surgir la opinión de que los gobiernos, particularmente los del mundo en desarrollo, deberían ser más autónomos, dependiendo menos de la ayuda exterior y más en los ingresos obtenidos como resultado de su propio desarrollo económico. El concepto de «Dead Aid» (Ayuda Muerta), o la creencia de que la ayuda extranjera para el desarrollo tiene un impacto limitado sobre cuánto se puede ayudar a crecer a un país, es emblemático de esto. Además, los gobiernos del mundo rico están enfrentando nuevos desafíos, tales como el cambio del medio ambiente y el movimiento masivo de personas, por mencionar sólo dos.

Este cambio no puede ser más evidente que en el mundo del VIH y el SIDA. Al inicio de la epidemia, las respuestas a la enfermedad en el mundo en desarrollo fueron mayormente financiadas por organizaciones internacionales (OIs), Organizaciones no gubernamentales (ONG) y gobiernos donantes extranjeros. Sin embargo, recientemente, ha habido un fuerte apremio para que los países en desarrollo asignen una mayor cantidad de recursos internos a su respuesta al VIH y al SIDA, mientras que al mismo tiempo el financiamiento internacional ha comenzado a estancarse o incluso a caer.

Esta tendencia se fundamenta en la idea de que las economías de los países beneficiarios seguirán creciendo. Si bien las perspectivas para muchos países de ingresos bajos a medios bajos han ido mejorando de manera lenta pero constante, existen importantes barreras que muchos de ellos deben superar para lograr un crecimiento económico sostenido. 

Este apremio pone en tela de juicio si estos países son realmente capaces de asumir una mayor proporción de su propio financiamiento a la respuesta de VIH y SIDA. Por ejemplo, en 2012 Suazilandia recibió más de 100 millones de dólares en asistencia para el desarrollo, mientras que Malawi recibió algo más de 1.100 millones de dólares, según cifras del Banco Mundial. La Figura 1 Muestra el desglose del gasto en VIH y SIDA por parte de fuentes internacionales y nacionales. Suazilandia gasta más de 82 millones de dólares en VIH y SIDA, de los cuales el 68 por ciento proviene de fuentes internacionales. Por el contrario, Malaui gasta más de 145 millones de dólares en el VIH y el SIDA, de los cuales el 92 por ciento proviene de fuentes internacionales, según ONUSIDA.

Figura 1 – Gasto del VIH proveniente de fuentes nacionales e internacionales

Figure 1 - HIV Spending from Domestic and International Sources

Estas cifras tienen serias implicaciones para la capacidad de los países de autofinanciar su respuesta al VIH y al SIDA. Por ejemplo, sería imposible que Malaui financie su programa nacional al mismo nivel en el que se encuentra actualmente sin la ayuda significativa de los donantes internacionales.

Tipos de cambio y fluctuaciones monetarias

Nacional

Una de las cuestiones menos consideradas es la importancia de los tipos de cambio.

Si una disminución del compromiso internacional para el financiamiento de programas de VIH y SIDA se basa en un fuerte crecimiento económico de los países receptores, las monedas en declive pueden tener un impacto significativo y negativo en su capacidad para financiar su propia respuesta al VIH y el SIDA. Así, es posible que el aumento de la dependencia de las contribuciones internas para combatir la epidemia sea prematuro.

De gran importancia para la respuesta al VIH y el SIDA ha sido la disminución del valor de la mayoría de las monedas africanas, que han disminuido significativamente en los últimos 10 años. En el sur de África, el rand sudafricano ha visto mínimos históricos en el tipo de cambio en comparación con el dólar estadounidense. Esto se observa en la Figura 2, que muestra el tipo de cambio de $ EE.UU. a ZAR. En su punto más alto de los últimos cinco años, un rand compraba 13 centavos de dólar de EE.UU., y en su nivel más bajo, a principios de 2016, el rand compraba menos de 6 centavos de dólar.

Esta depreciación es particularmente preocupante porque varios países de la región de África meridional han fijado su propia moneda a la par del rand. Lesoto, Namibia y Suazilandia se encuentran en un Área Monetaria Común (CMA) con Sudáfrica. Sus tipos de cambio son idénticos: un cambio en el valor del rand conduce al mismo cambio en el valor del loti de Lesoto, el dólar de Namibia y el lilangeni de Suazilandia. La CMA es crucial debido a que este acuerdo se superpone a los países de mayor prevalencia en el mundo. Además, otras monedas regionales tales como el pula de Botsuana, el kwacha de Zambia y Malaui y el metical mozambicano tienen al rand como parte importante de la canasta de divisas que determinan sus tipos de cambio. A medida que el rand continua desvalorizándose, lo mismo ocurre con las monedas de estos países.

Figura 2 – $ EE.UU. al Rand sudafricano – Tipo de cambio de cinco años (fuente: Xe.com)

Figure 1 – US$ to South African Rand Five Year Exchange Rate

Si los países están asumiendo los costos denominados en monedas extranjeras (como medicamentos o suministros), esto es un problema. Lo que esto significa para la respuesta al VIH y SIDA es que, cuando el valor de las monedas locales sigue disminuyendo (o permanece en un nivel bajo), el compromiso nacional de estos países debe aumentar en una cantidad muy superior para obtener el mismo resultado.

Internacional

Se puede observar un problema potencial similar cuando se examina la cantidad de dinero que comprometen los donantes extranjeros. Las contribuciones internacionales al VIH y al SIDA generalmente se expresan en dólares estadounidenses. A medida que el dólar continúa revalorándose, las promesas de los donantes en sus propias monedas locales pueden estancarse o incluso disminuir. El artículo publicado por Aidspan 2016 titulado “The Global Fund Reports Pledges of U.S.$12.9 Billion at the End of the Replenishment Conference”(El Fondo Mundial reporta compromisos de 12,9 mil millones de dólares al final de la Conferencia de Reposición) observa precisamente este fenómeno. 

Por ejemplo, en el momento de la última conferencia mundial de reposición, el dólar canadiense estaba a la par con el dólar de EE.UU.. En 2016, 1 dólar canadiense valía sólo 0,76 de dólar de EE.UU.. Por lo tanto, aunque el gobierno canadiense se comprometió a aumentar su compromiso internacional al Fondo Mundial en un 24 por ciento, esta cifra es casi completamente inválida debido a la disminución del valor del dólar canadiense. Esto también puede funcionar a la inversa. Por ejemplo, Japón repitió su compromiso de 2013 con un nuevo compromiso de 800 millones de dólares. Con la significativa depreciación del yen desde 2013, este compromiso repetido, realizado en dólares estadounidenses, en realidad constituye un significativo aumento en la cantidad donada por Japón, como se indica en el artículo de Aidspan anteriormente mencionado. Por supuesto, el aumento del compromiso significa para los canadienses que más de su dinero de impuestos irá al Fondo Mundial ya que los tipos de cambio son en gran medida irrelevantes.

Las fluctuaciones de los tipos de cambio siempre se deben tomar en consideración cuando el dinero atraviesa fronteras o se compran productos en el mercado internacional.

En conclusión

Es absolutamente crítico que los niveles de financiación para el VIH y el SIDA sigan siendo altos con el fin de mantener y mejorar los importantes logros alcanzados durante los últimos 15 años. Esto puede no ser factible para los países a medida que la incertidumbre económica continua penetrando en la región. También puede ser demasiado pronto para que la comunidad internacional haga una transición a un sistema cada vez más dependiente de las contribuciones nacionales para luchar contra la epidemia de VIH y SIDA. Finalmente, la moneda con la que se financia esta lucha es el dólar estadounidense. Esto significa que los tipos de cambio se deben tomar seriamente en consideración al ver lo que hay en términos tanto de ingresos como de gastos.

Nick Zebryk es investigador del Balsillie School for International Affairs (Escuela Balsillie de Asuntos Internacionales), y Alan Whiteside es catedrático de Política Mundial de Salud en el Centro de Innovación en Gobernanza Internacional (CIGI) de Balsillie School for International Affairs y la Universidad Wilfrid Laurier, Waterloo, Canadá, y Profesor Emérito de la Universidad de KwaZulu-Natal, Durban, Sudáfrica.