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Fuente: https://endmalaria.org/news/countries-urged-maintain-momentum-fight-against-malaria

A medida que la pandemia del COVID-19 sigue acelerándose y retando incluso a los sistemas de salud más avanzados del mundo, la Alianza RBM para poner fin a la malaria exhorta a los países a continuar luchando contra la malaria, una enfermedad que pone en riesgo a la mitad de la población mundial y mata a un niño cada dos minutos.

Ginebra, 30 de marzo de 2020. Las inversiones actuales en malaria están salvando casi 600 000 vidas y previniendo casi 100 millones de casos al año. Los esfuerzos para limitar la propagación del COVID-19 son necesarios para proteger los sistemas de salud, pues les permiten seguir sirviendo a la población durante toda la crisis. Al mismo tiempo, estos esfuerzos no deben comprometer el acceso a los servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento de la malaria –que salvan vidas– ni amenazar con revertir décadas de avances en la lucha contra la malaria que tanto han costado. No podemos dejar de lado a nadie.

Como plataforma mundial que agrupa a más de 500 socios de países afectados por la malaria y países donantes, agencias de las Naciones Unidas, el sector privado, instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales, la Alianza RBM ha identificado prioridades clave para abordar el doble reto de la malaria y el COVID-19 en los países afectados.

Debemos seguir protegiendo y salvando a los más vulnerables –mujeres embarazadas y niños menores de cinco años en los países afectados– con las herramientas para la malaria que ayudan a salvar vidas, y debemos priorizar la prestación segura de esas intervenciones esenciales.

Mientras la malaria exista, amenaza a los más pobres y a los más vulnerables, y tiene el potencial de resurgir en tiempos de crisis de salud pública como la que enfrentamos ahora.

Si bien los avances en la lucha contra la malaria han sido significativos, demasiadas personas siguen padeciendo y muriendo por esta enfermedad que es prevenible y tratable. La malaria está entre las principales causas de mortalidad infantil en África. En 2018, casi 900 000 niños en 38 países africanos nacieron con bajo peso debido a la malaria durante el embarazo, y los niños de menos de cinco años seguían representando dos tercios de todas las muertes por malaria en el mundo.

Además de ser los más afectados por la malaria, las poblaciones más vulnerables del mundo también corren el riesgo de ser los más golpeados por una pandemia como la del COVID-19, pues muchas veces son los últimos en recibir las pruebas y el tratamiento adecuados para enfermedades emergentes.

Debemos continuar –de manera segura– con las campañas para la cobertura universal de mosquiteros tratados con insecticidas de larga duración (MTILD), la quimioprevención de la malaria estacional y la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual, enfocándonos en llegar a las personas en mayor riesgo.

Los trabajadores del sector salud en primera línea en los esfuerzos para la eliminación de la malaria son esenciales en la lucha contra brotes como el del COVID-19. No obstante, también están expuestos a mayor riesgo y deben tener la protección que necesitan para seguir brindando servicios vitales de salud.

Sistemas de salud más sólidos son nuestra primera línea de defensa ante enfermedades existentes y emergentes. Debemos lograr cerrar la brecha anual de 2 mil millones de dólares en el financiamiento de programas contra la malaria.

Cada dólar que se invierte en luchar contra la malaria ayuda a construir sistemas de salud más sólidos y más resilientes, pues son esenciales para combatir amenazas existentes, como la malaria, y emergentes, como el COVID-19.

Las inversiones para eliminar la malaria están dirigidas a asegurar que todas las personas en países afectados por dicha enfermedad tengan acceso a atención médica de calidad. Las inversiones aumentan la capacidad de los trabajadores del sector salud, fortalecen los sistemas de gestión de la cadena de suministro, construyen infraestructura para la vigilancia en tiempo real y para la gestión de datos, mejoran los laboratorios y refuerzan el monitoreo y la evaluación.

A nivel local, debemos apoyar la gestión comunitaria e integrada de casos para asegurar atención médica de calidad para los pacientes de malaria y aliviar la presión que recae sobre los centros médicos por pacientes con otras enfermedades. Lo más importante es que, si alguien que vive en un lugar donde hay malaria llega a tener fiebre, esa persona debería conseguir un diagnóstico y atención médica lo más pronto posible.

Debemos invertir en el desarrollo y la expansión de herramientas y tecnologías innovadoras que nos ayuden a derrotar a la malaria y otras enfermedades mortales.

Para vencer a la malaria y otras enfermedades mortales, debemos invertir con urgencia en desarrollar y expandir el acceso a herramientas e innovaciones transformadoras que salven vidas.

En el caso de la malaria, esas innovaciones incluyeron mosquiteros tratados con insecticidas de larga duración, nuevas medicinas antipalúdicas y pruebas de diagnóstico rápido, que ayudaron a salvar más de 7 millones de vidas y prevenir más de mil millones de nuevas infecciones desde inicios de la década del 2000.

En respuesta a la actual epidemia del COVID-19 se están realizando ensayos clínicos para probar y potencialmente probar de forma rápida la disponibilidad de diagnósticos, vacunas y medicamentos eficaces, incluidos medicamentos antipalúdicos como la cloroquina y su derivado, la hidroxicloroquina. Sin embargo, al no contar con pruebas de su eficacia, estos tratamientos no están recomendados para tratar y/o prevenir el COVID-19 debido a riesgos potenciales.

Las enfermedades no respetan las fronteras. Si trabajamos juntos, podemos eliminar la malaria y vencer nuevas amenazas contra la salud pública mundial como el COVID-19.

Desde el año 2000, un mayor compromiso político, intervenciones más focalizadas y la disponibilidad de mejores datos permitieron reducir dramáticamente la carga de malaria en el mundo. Hoy, más países que nunca están más cerca de eliminar la enfermedad y menos comunidades viven con miedo a una picadura de mosquito.

Mayores niveles de transmisión de malaria debido a sistemas de salud sobrecargados podrían llevar a un repunte en el número de casos y muertes en países que están a punto de llegar a los cero casos de malaria. Sin compromisos sostenidos para eliminar la malaria ponemos en riesgo los mayores logros alcanzados en ese sentido, así como la salud y el bienestar de millones de personas infectadas con esta enfermedad potencialmente mortal.

La Alianza RBM permanece lista para ayudar a apoyar a los países afectados para que protejan y promuevan avances en contra de la malaria, así como sus esfuerzos en contra del COVID-19. Asimismo, hacemos un llamado a todos los países y a todos nuestros socios para que mantengan los avances logrados y los compromisos asumidos en la lucha mundial para ponerle fin a la malaria.

Los esfuerzos para luchar contra la malaria han sido un sello distintivo de cooperación mundial del siglo XXI. Ahora más que nunca debemos estar unidos para proteger los logros en contra de la malaria que tanto nos han costado obtener y para hacerle frente a amenazas existentes y emergentes a la salud pública mundial.