Fuente: corresponsalesclave.org

Por: Lídice López Tocón

En el marco del Mecanismo de Respuesta al COVID-19 (C19RM 2.0), el Perú recibió la invitación del Fondo Mundial para presentar una propuesta de subvención que contribuya a responder a la emergencia de la pandemia y sostenga las acciones de las respuestas al VIH y la tuberculosis.

La invitación llegó al país cuando enfrentaba un alto número de casos diarios y el número de muertes batía récords todas las semanas. Debido a la intensidad de la emergencia el país decidió enviar una propuesta lo más pronto posible, en la primera ventana que cerraba el 14 de mayo.

Con el apoyo de la Plataforma LAC y Socios en Salud, se buscó vitalizar la participación de las comunidades en el diseño de la propuesta. Para ello, se contrató a dos consultores comunitarios especialistas en VIH y tuberculosis (TB) para acompañar los diálogos sociales de las comunidades y articular sus prioridades con la propuesta de subvención general.

Conversamos con Fernando Cisneros y Melecio Mayta, quienes asumieron las consultorías en VIH y TB, respectivamente, para conocer sus impresiones sobre el proceso.

A pesar del corto tiempo, la Coordinadora Nacional Multisectorial en Salud (CONAMUSA), que hace las veces de Mecanismo de Coordinación de País (MCP) en Perú, decidió presentarse en la ventana 1. Lograr una propuesta articulada fue posible, según Cisneros y Mayta, gracias al compromiso de todos los actores involucrados: las direcciones de prevención y control de TB y VIH, el Receptor principal y los representantes comunitarios.

Mayta destaca la “capacidad de convocatoria del MCP a través de los representantes de las comunidades”. Por su parte, Cisneros señala que la Secretaría Técnica del MCP jugó un papel clave al definir la ruta crítica y garantizar la participación de todos y compartir toda la información disponible con todos los actores. Asimismo, destacaron que fue importante el “nivel de conocimiento amplio de la epidemiologia, los determinantes y brechas existentes por parte de las comunidades” y de los consultores involucrados.

“Tener el consultor para TB fue clave, porque él tenía conocimiento de lo que funcionaba y no en las atenciones en TB, lo que hizo posible que pudiéramos avanzar más rápido”, comentó Cisneros en referencia a su colega Melecio Mayta y destacó que la coordinación entre ambos fue muy fluida, lo mismo que con el receptor principal que en todo momento compartió la información relevante al proceso.

Esto es complementado por Mayta cuando señala que los “consultores comunitarios con conocimientos de los sistemas comunitarios facilitaron el proceso de diálogo, con horizontalidad y empatía”.

Durante todo el curso de la preparación hubo también una participación muy activa del sector comunitario que se vio reflejado en la asistencia de 48 personas al diálogo social, que también evidenció una importante articulación entre los sectores de VIH y TB.

Cisneros comentó que encontraron muchas similitudes entre las brechas identificadas por las comunidades de TB y VIH y las dificultades que debieron enfrentar en el contexto de la pandemia con los servicios de salud y las necesidades de información, lo cual permitió una rápida sistematización de las necesidades a priorizar.

La articulación entre TB y VIH desde la etapa de preparación también impactó en la propuesta en términos inclusión de capacitaciones y búsqueda de casos y abandonos, aspectos que también se coordinaron con las direcciones en el Ministerio de Salud.

Fernando también destacó la coordinación con la Plataforma LAC, desde donde se les facilitó “una caja de herramientas que fue muy útil para mirar qué podíamos usar para los diálogos sociales, para que sean lo más participativas, lo mismo que la priorización”.

Un proceso desafiante pero exitoso

El principal desafío que enfrentó la CONAMUSA fue el factor tiempo. Sin embargo, un cercano seguimiento y la participación en reuniones durante el día entero hizo posible que se alcanzaran los objetivos.

Por otro lado, introducir la respuesta comunitaria en una subvención nacional suele ser desafiante, ya que desde el Ministerio de Salud se sostiene una mirada puramente sanitaria. Del otro lado, señala Melecio“las comunidades pretenden resolver todas las necesidades y brechas existentes en la única oportunidad de participación en diálogos”, por lo que se convierte en un proceso muy desafiante. Esto fue trabajado cercanamente por los distintos actores, de manera que pueda lograrse un mejor balance en las estrategias propuestas.

Es importante señalar que en algunos aspectos intervino más una mirada política y no se tomaron en cuenta todas las consideraciones técnicas, como los criterios de priorización de regiones o los presupuestos para cada uno de los componentes. A este respecto, es importante continuar con el fortalecimiento de la sociedad civil para que puedan conocer la información, conocer las estrategias y tener un discurso técnico y articulado para defender el trabajo comunitario y sus necesidades y sepan responder a la posición puramente sanitaria de algunos actores gubernamentales.

El proceso contó con una amplia participación y desde los consultores se recomienda replicar esta práctica de construcción de propuesta país con participación activa de las comunidades afectadas y poblaciones vulnerables. En esta línea, para mejorar la participación de las comunidades, sugieren anticipar las convocatorias, animar la participación de las regiones (garantizando su conectividad) y fortalecer las capacidades y competencias de los líderes de las comunidades, además de un trabajo de concientización con los actores gubernamentales sobre la importancia de la participación de las comunidades, los derechos humanos y la equidad de género.